lunes, 4 de noviembre de 2013

PARÍS-BOSTON


POR: Álvaro Sierra

Personajes

Witson
Toño
Perla
Yeison
Serenatero

Escenario, Un video recorre las calles de Medellín, entra Witson con una llanta y una llave, Perla con un retrovisor, Toño con una veladora y Yeison con un pasacintas.

Witson: Medellín está lleno.
Yeison: Repleto.
Toño: De mamacitas.
Perla: Y buses.
Witson: Si quiere monas, hay monas, pelirrojas, morochitas, negritas, hasta achinaditas.
Yeison: Seguro.
Toño: Pero ¿sabe dónde están las mejores?
Los tres hombres, eufórico: En los barrios.
Witson: Si señores, en el norte, Popular, en el parque Guadalupe, en el campo, Santo Domingo,
Yeison: Castilla, Pedregal, Doce de octubre
Toño: En Cabañitas, Robledo.
Perla: En Lovaina.

Todos la miran
Los tres hombres: Así no mi amor.

Perla: Pero de allá no salen.
Witson: Pues por la carne
Toño: El acopio de hospital.
Yeison: El cementerio.
Perla: Si, les voy a creer.  Yo no meto las manos en el fuego por nadie.  Y menos después de lo que uno ve en esta nave.  Ríe.
Witson: Bueno, bueno.  Como decía, la progesterona abunda, adoro la nueva moda, todas con esos jeancitos apretaditos, las camisitas hasta las costillitas, bien talladitas con esas cinturitas, con ese arete en el ombligo.
Perla, Toño y Yeison: Piercing.
Witson: Ya ome.  Déjenme desahogarme, con tanta corregidora no voy a terminar diciendo nada.  Y para colmo varado.  Hasta con frío, qué tembladera tan brava.
Perla: Deberías “temblar” cuando te pasas los semáforos, o cuando bajas emberracado de las lomas.
Witson: Ya, ya, dejá tanta cantaleta Perlita. Tengo mucho por hacer, estoy perdiendo plata, y tiempo, para bajarme por la ochenta a marcarles tarjeta a mis hembras.  En el consumo visito a Claudia la de las apuestas, siempre le juego al 323 como mi Mazda, un día de estos me gano un premio pesado y me la llevo a bailar.  En la glorieta de la treinta paro a comerme un roscón en esa panadería toda iluminada, Maritza tiene como quince, la estoy cultivando a esa en un par de añitos  la mantengo. Ríe.  Si no me conquista Elena la meserita de Santa Gema, toda bonita, pelirrojita, elegantita, siempre le pito tres veces, si se asoma quiere decir que la recoja a las doce para ir a bailar, si sale otro mesero, pailas, está con el novio. Pausa.  Si eso llega a pasar, me deprimo mucho, es que de verdad me gusta mucho, entonces paro en Don Quijote me como un perrito de dos mil y me desahogo con Margot, la grandota, subo hasta Los Colores, Gina, Robledo, Melisa, mamita, Castilla, Laurita, me bajo para el Terminal, me quedo un ratico en el acopio chismoseando con Pilar la de Copetrán, arrimo a Sevilla donde Andrea, Manrique donde Viviana, subo al Campo donde Patricia pero ojo, callado que es amiga de Livianita…Estoy agotado, tengo hambre, tengo seca la lengua de tanto besito y cuchicheo, y me duele la cabeza, de pensar en cada frase, una silaba de más y me voy p’al infierno.  Voy a una tienda, Don Plinio en Ecuador, si, que me atienda un hombre, solo me voy a tomar una gaseosa y a comer siete empanadas, quince minutos, suficientes, recargué motores, ¿Para dónde?, Parque Obrero, allá me espera Isabelita, con su perro, su bolsita y sus Pausa ojos, parqueo, caminamos, todo está bien hasta que empieza con la preguntadera, es una niña muy inteligente, me confunde, pero no caigo. 
Yeison: ¿Y a vos si te queda tiempo para trabajar?
Toño: Hermano, qué energía, usted es una máquina pecadora.
Witson: ¿Pecado? Si soy a lo bien con todas.
Perla: Lo que sos es un pipiloco.
Toño: ¿Te falta alguna?
Perla: Todavía hay mucho Medellín pa’ este príncipe.
Todos ríen/ Witson cambia de humor/ Melancólico
Witson: Mucha calle, mucho cariño, un dulce no, me desafina el taxímetro
Entra un serenatero en su solo de guitarra:
Serenantero: Me amanezco por verla cruzar la calle y caminar cuadras hasta el colectivo, me le ofrezco, de rodillas, le pito, me insulta, la amo, me ignora, me duele, no.
Canta el serenatero, Witson baila con la llanta, la abraza, le dice un secreto, la rueda, sale del escenario, llora, entran los dos taxistas, lo consuelan, lo animan, sale el serenatero.  Entra música alegre de trompetas. Los personajes en actitud de animadores.
Yeison: A ver, a ver, a ver, a ver muchachos, señoritas, colegas, ¿Estamos pasándola bien?... Eso.  Bacano, acá todos disfrutando del espectáculo.
Perla: Sean todos bienvenidos a participar de la única.
Toño: La inigualable.
Witson: La incomparable.
Todos: Rifa.
Perla: Pondremos a prueba sus conocimientos universales, premiándolos con estos espectaculares pasajes.
Yeison: Primero, ¿Quién me dice, calcula o aproxima? ¿Cuánto tiempo me echo viajando de Buenos Aires a Sevilla?
Witson: Como un día
Toño: Error, mi querido compañero.
Yeison: A ver, ¿Quién sabe la respuesta? Alguien del público responde. Correcto.  Eso es tener oficio, le pido al caballero que se levante, eso, un aplauso.  El (la) señor (Sra.) ha sido merecedor (ra) de un pasaje desde La iglesia de Buenos Aires, hasta la farmacia Céspedes, donde podrá reclamar una leche de magnesia, ojo no bote el recibo.
Perla: Muy bien, y ahora vamos con una pregunta de distancias.  ¿Cuánto hay de Maracaibo a Bucaramanga?
Toño: Yo me he metido ese viaje Perlita, son como cuatrocientos kilómetros más o menos.
Yeison: No pelao, a ver quién sabe pues, esa está difícil usted dígame Responden Muy bien, usted ha sido merecedor  de este tour Maracaibo- Bucaramanga, pasando por Caracas, Perú, Bolivia, Argentina, vía el Palo y luego, en el viaje de regreso a Maracaibo podrá reclamar cinco panes mariquiteños y una Pony Malta en la panadería Grosty.
Perla: La cosa se pone buena, a ver, otra, de “Cultura General”. ¿Cuál es la comida que más abunda en la zona del  mediterráneo?
Yeison: Los Mariscos.
Perla: Nada.
Witson: Algún arroz bien raro.
Perla: Negación.
Toño: No, eso está muy difícil.
Perla: Nooo.  Vea, es un plato muy típico de la zona, especial para quitar una borrachera, alto en colesterol, por su variedad de salsas, el tamaño de su pan, el ripio de papitas, y ni hablar del queso. ¿Ya se la pillaron? Responden Muy bien, un aplauso, se ha ganado una hamburguesa en Los Verdes de la ochenta.
Toño: Otra, ¿cuánto vale un viaje de Paris a Boston?
Yeison: Ocho lucas.
Todos: Muy bien
Yeison: Me la sé de memoria, a cada rato me la meto, cojo por la regional hago el giro en Barranquilla, Popayán, More, Mon y Velarde, el Obrero, el Principal, recorro los parques, con hambre, con ganas de encontrarme a esas pecuecas.  Dos días arañando el baúl contando cada segundo, escuchando pajaritos, pitos, perros, sintiendo como el móvil se inclinaba en posición de loma, subía y subía la chatarra, se escuchaba a lo lejos las risas de esos canallas, esas valijas con cara de niños buenos que no mataban ni una mosca, me tenían acorralado, asfixiándome en el calor de un baúl, una llanta pinchada y una caja de herramientas vacía, las piernas dormidas, el cráneo sangrando del cachazo, y ese afán por no llorar, por no darle la razón a mi cuchita, por dármelas de bravo, con tres niños, armados hasta los dientes.  La salsa, detonante de valientes, elixir del guerrero motivaba mis articulaciones, aclaraba mis recuerdos, aquel hoyo en el extremo izquierdo del sofá producido por un anterior pasajero, mi mano como una culebra se deslizaba en el sofá.  Yo creo que en el fondo ya estaba muerto y quería devolverme, me aburrí del infierno.  Ese olor de la bareta me indicó que estaban repailas, hace mucho no arrancaban y justo me deja el papayazo, un fuete junto al muslo del pirobo medio dormido, muerto de la risa, lo fui entrando al baúl suavecito, rellené con cariño el hueco de la silla, y esperé, horas y horas apuntando la tapa del baúl, quietud total, concentración, optimismo, según mis cálculos era ya miércoles y en la noche había clásico Suena salsa pesada, todo estaba listo, escuchaba a esas ratas criticar el mal estado de la nave, la escasez de billete y el milagro una llanta pinchada, había que abrir el baúl, y los esperaba su papá enfierrado y ofendido, Suena un grito, entra el bailarín, se levanta la tapa, empezaba la fiesta, rodaba con amor el tambor de ese revolver.  Un cariñito en el pecho del “Sapotierno”, lo usé como escudo y le calenté una rodilla al “Guacamayo”, corrieron por todo el monte, me tenían embolatado, parecía el oriente, o la carretera a la costa, Santa Rosa, yo no sé, donde fuera hacía mucho frío y me habían acabado el Renolito, tres niños en Paris, hablando de ir a una fiesta en el Parque de Boston.  Ojo parceros, Échenle análisis a los sardinos, y más si están bien vestidos y con celulares bacanos.
Witson: Yo si sé quien le anda echando ojo a los sardinos en el Daewoo.
Todos: ¿De verdad Perlita?
Perla: Yo le echo ojo a todo, no sean tan cizañeros.
En off un vendedor gritando “solteritas”, Perla empieza a manotear y a pedirle a todos que no le digan así.
Perla: Ya Muchachos, no me la monten, si estoy así es porque se me ha dado la gana, propuestas no me faltan, Menos en la noche,  no hay nada peor que un borracho solo, luego de salir de una discoteca, desparchado, perdedor y ante todo alborotado, con el famoso “mal de vereda”, una oportunidad para hacer lo que no pudo en toda la noche con la vecina o la compañera de oficina, y claro, ahí aparece la presente, boleando aruñones y cachetadas a los cuatro vientos.
Vuelven a gritar “Solterita”, “rica solterita”, Perla se intimida, se arregla con el retrovisor, gritan “deliciosa solterita” empieza a reírse, entra un vendedor de solteritas y Perla se decepciona, lo llama, le paga una solterita, come, entran los tres taxistas le compran una solterita y salen del escenario.
Perla: Estoy segura que una pasajera me echó una maldición, Debió ser la vieja carebruja esa que le quede debiendo los doscientos de cambio, entonces ¿le regalaba la carrera?, ¿iba a ir hasta la bomba del otro barrio por cambiar un billete de mil?, es un pacto de honor con el pasajero, si la carrera vale dos ochocientos, el me da tres, si vale tres doscientos, el me da tres, y así todos vivimos tranquilos, pero no.  Un gato negro en el semáforo, canas en el plato de la sopa, días sin un solo pasajero, billetes falsos, cuatro llantas pinchadas, un eterno olor a caño en la cojinería, Madre de Dios, me tienen atolondrada, para colmo esta rasquiña en los muslos Suena música, se rasca, en los tobillos, en la espalda, muchachos, Llegan los muchachos, la rascan en la espalda.  Lo que más me asusta es todo ese pelo blanco en la comida, yo busco y busco a esa señora a ver si le puedo devolver la monedita, si, va a tocar porque ni un cura, ni un doctor, vea, he ido a todas las iglesias, a la catedral, a la iglesia de San Joaquín, a la América, a la Consolata, a la Veracruz, a la bonita de Manrique, a la de Campo Valdez, a la de San Antonio, a la de San Javier, a la iglesia de Belén, a Boston, a San José, a todas, ni mi abuelita en la Estrella, ha podido quitarme esta sal, además la soñadera con cucarachas y ranas, muy maluco.  La solución, enyerbar mi cuerpo y el cuerpo de mi carro, sí, romero, penca de sábila, hierbabuena, ruda, manzanilla, Y aceite de marrana virgen, como en las películas, en una olla, se hierve y a echárselo todo, ahora a esperar, al menos ya no huele a caño el taxi.
Yeison: Olés a Palo santo de la iglesia de San José.
Toño: Y te la pasás toda sudada.
Todos: Definitivamente, te enyerbaron por no tener menuda.
Suenan truenos y Perla se asusta, sale corriendo, los tres hombres se quedan en el espacio, Toño silencioso saca una calculadora, cuenta a los espectadores, vuelve a la calculadora.
Perla, Yeison y Witson: Oíste. ¿Y a vos que te pasa?
Toño: Setecientos
Witson: ¿Qué?
Toño: Eso es mucha, mucha plata la que se está perdiendo.  Píllesela.  Setecientos pacientes a mínima cuyo valor equivale a dos mil ochocientos da como resultado un millón novecientos sesenta mil, con que cada taxista en el día haga un mínimo de seis mínimas sumaría once millones setecientos sesenta mil pesos, descontando  dos monedas de doscientos de la limpiadita del vidrio daría doscientos ochenta mil o sea once millones cuatrocientos ochenta mil menos la porción de papaya de la 65 o de la avenida Guayabal o de la playa o de la Unidad deportiva que promedia los quinientos pesos serían 350.000 o sea once millones ciento treinta mil, menos cinco mil pesos de gasolina haciendo como promedio la tanqueadita del día darían tres millones quinientos mil restándoselos al total equivaldrían a siete millones seis cientos treinta mil pesos aproximadamente. Y el aguacate.  Quítele mil pesos al aguacate del almuerzo.   Setecientos mil menos o sea seis millones novecientos treinta mil.  ¿Y si se almuerza en la calle?  Tres mil quinientos de promedio dos millones cuatrocientos cincuenta mil menos, tendríamos cuatro millones cuatrocientos ochenta. ¿Y el tinto? A cuatrocientos pero como la mitad no debe tomar pongamos el promedio en doscientos.  Es decir, réstele ciento cuarenta mil pesos más.
Yeison: ¿Cuánto dio?
Toño: Cuatro millones trescientos cuarenta.
Perla: Eso es billete.
Toño: Dividido entre setecientos.  Pausa  Ganaríamos seis mil doscientos pesos, es decir dos mínimas y medio banderazo. Entra un hombre haciendo un acto de fuego. Eso lo mejor es seguir derecho, lavar sus vidrios, llevar coca con un bananito, un termo con agua, tanquear corriente, empujar el carrito en el acopio, aguacatito día de por medio, y así evitar los lujos.
Yeison: Lo que pasa es que sos un man muy tacaño.
Toño: Precavido, apunto en la cabeza cada centavo que va y que viene, al salir a las cinco de la mañana de mi casa tengo veinte mil pesos en monedas de doscientos para darle vueltas a cien carreras mínimas, tengo listo el dulce abrigo para limpiar el vidrio en la sesenta y cinco a las ocho de la mañana, caliento el almuerzo en el restaurante de un amigo y pido un vasito de agua de la llave, me tomo un tinto a la semana perdiendo cincuenta y siete pesos diarios, mejor dicho la cojo suave.
Witson: Mejor dicho, estás loco.
Yeison: Pero tenés razón, se hace tarde y hay que poner a trabajar la nave.
Perla: Si, tengo que ir a Cisneros a hacerle un lavado de las siete esencias.
Witson: Y yo cojo hacia la ochenta, tengo que hacer una visitita.
Toño: Y yo… no se qué hacer, ¿me invitan a almorzar?
Los Tres: No, tacaño.
Salen del escena

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