miércoles, 3 de abril de 2013

LOS ZAPATOS ROJOS DEL PAPA BERGOGLIO


POR: Mónica Chamorro.



El Papa Juan Pablo II, Karol Wojtyla me caía mal. Y esta antipatía, que no lograba contrastar su sonrisa de niño ni su devoción de carbonero, se fundamentaba sobre todo en dos de las muchas prohibiciones radicales que impuso al mundo católico: su posición intransigente contra el uso de los anticonceptivos y su rechazo fulminante al sacerdocio femenino. Nunca entendí las razones de su malquerencia por el látex y mucho menos las de su misoginia. Tengo que confesar que en realidad renuncié muy pronto a tratar de entenderlas, es más,  renuncié casi inmediatamente al darme cuenta de que para leer la bula pontificia objeto de mi antipatía era necesario saber como se dice condón en  Latín. Tampoco logré encontrar en mi diccionario, como se dice en la lengua de Virgilio,  S.I.D.A, mortalidad infantil, superpoblación, ni siquiera encontré píldora del día después. Finalmente nunca pude saber si lo anacrónico era mi diccionario de Latín o la Santa y Apostólica Iglesia Católica.

Tengo que decir, sin embargo, que mi antipatía por el papa Wojtyla disminuyó sensiblemente durante las primeras semanas de abril de 2005 cuando la televisión de todo el mundo transmitió las imágenes de su sepelio. Entonces pude verlo momificado y transportado en andas por la plaza de San Pedro ante los ojos de millones de televidentes, vestido con el habito blanco y sobre todo con unos inmensos zapatos rojos. Me pareció que eso era suficiente castigo por lo del condón y el sacerdocio femenino. En ese momento decidí además modificar mi testamento para prohibir terminantemente cualquier tipo de culto a mi cadáver, cualquier momificación ignominiosa. No quiero correr el riesgo de los zapatos rojos, ni de que me suceda lo que a Lenin, cuya venerable momia fue adquirida por un millonario texano de aquellos que compran la Torre Eiffel y la conciencia de todos, y acabó suspendida en la parte delantera de una limousine blanca, que lleva además y para completar la decoración,  dos cuernos de búfalo.
       Pero lo que definitivamente me ha hecho cambiar de parecer respecto a Juan Pablo segundo, lo que me ha hecho añorarlo como jamás pensé hacerlo, es la elección de Jorge Mario Bergoglio. Digamos que ya la elección de Ratzinger como Benedicto XVI había sometido a dura prueba mi animadversión. Desde el principio fue difícil olvidar que el Papa alemán había pertenecido a las Juventudes Hitlerianas y peor aún, dejar pasar su tibia reacción ante las acusaciones de pedofilia, en los últimos años de su mandato o ministerio, contra numerosos miembros del clero. Ya desde entonces empezaba a sentir que una pequeña e inconfesable añoranza por Wojtyla crecía en mí, pero definitivamente,  ha sido la  elección de Francisco I lo que ha variado mi opinión hasta el extremo de hacerme comprar una imagen del fallecido Papa polaco, en la que, vaya el caso, se ven incluso sus zapatos rojos.
Al papa Francisco I se lo acusa  -justa o injustamente, esto aún debe definirse- de haber colaborado con las desapariciones, con las torturas y con el robo de bebés, que tuvieron lugar durante el régimen dictatorial de Videla en Argentina. En ese entonces Bergoglio era ya superior provincial de los jesuitas argentinos y dos sacerdotes de esta orden, que trabajaban con las comunidades más pobres, fueron acusados de colaborar con la oposición comunista. Bergoglio, según una investigación realizada por el periodista Horacio Verbitsky, no solamente no los protegió sino que los entregó a la mano negra de la dictadura. Los dos sacerdotes fueron secuestrados y torturados. También se lo acusa y estas son definitivamente palabras mayores, de haber colaborado en el robo de bebés durante la dictadura. Esta acusación proviene nada menos que de las respetables Madres, hoy abuelas, de la Plaza de Mayo. Los hijos de las detenidas embarazadas, eran arrebatados a sus madres y dados en adopción a familias políticamente correctas. Al parecer Bergoglio estuvo envuelto en ese turbio tráfico.

No sé si todo lo que se dice en contra del Papa recientemente elegido corresponda o no a la verdad, pero, sin duda, hay otro aspecto que es necesario considerar. En mi opinión aunque aun no se haya probado  -y tal vez nunca se pruebe- que Bergoglio pecó por acción, es probable que lo haya hecho por omisión. Basta indagar en internet para darse cuenta de que, a diferencia de otros miembros de la Iglesia Católica del cono sur, el actual Papa no brilló precisamente por ser un amante pastor defensor de su grey. De hecho mientras que los testimonios y artículos acerca de otros obispos y sacerdotes que se opusieron a los abusos de las dictaduras abundan, en el caso del Papa Francisco I se extiende por doquier y en el mejor de los casos, un manto de silencio.
La información acerca de la actitud de Bergoglio durante la dictadura contrasta notoriamente, por ejemplo, con  la que es posible encontrar acerca del hoy fallecido Cardenal chileno Raúl Silva Hernández.  Hernández es protagonista de numerosas páginas web, artículos y documentos en los que se encomia  su valerosa actitud y sus acciones en contra de la brutalidad de la dictadura de Pinochet. Solo hay que introducir su nombre in Google para obtener una gran cantidad de información acerca de sus muchos actos de coraje y justicia. El cardenal Hernández se comportó evidentemente como un justo,  actuó con eficacia y se puso del lado de los débiles. Ante esa abrumadora cantidad de documentos nadie podría acusarlo de colaborar con Pinochet como, en cambio, se acusa a Bergoglio de colaborar con Videla.
En 1987 Juan Pablo II durante una visita oficial le dio un controvertido abrazo a Pinochet.  Pero Wojtyla era polaco y en Polonia el dictador, el opresor, era, en ese entonces, el comunismo. Tal vez el Papa Wojtyla, quien se distinguió por apoyar decididamente la Perestroika, no supo comprender las diferencias entre la realidad de Europa Oriental, de la Europa oprimida por la ex – URSS y la realidad latinoamericana. Pero no es este el caso de Bergoglio, él vivía en Argentina, los horrores del régimen estaban ante sus ojos, los podía palpar cotidianamente. Se puede o no estar de acuerdo con las posiciones conservadoras de Juan Pablo II pero no es posible negar su integridad moral, su valor personal ampliamente demostrado en su pasado de combatiente de la resistencia contra la dominación Nazi. No sucede lo mismo con Bergoglio. Acerca de su pasado solo tenemos el silencio, de una parte, y de la otra, una nube de dudas. De su presente solamente sabemos que parece amar la pobreza. No deja de reiterarlo a través de acciones ampliamente difundidas por los medios de comunicación.  Por ejemplo, el detalle de cambiar el trono pontificio de oro labrado por uno de madera. A mi modo de ver este tipo de actos resulta sospechoso. Me parece que bajo esa humildad ostentosa hay en realidad una gran soberbia.
Puede ser que Bergoglio no sea culpable mas que de limitarse a observar. Víctor Hugo en el primer libro de Los Miserables escribe que existe el valor del sacerdote, es decir el valor de la solidaridad y el valor del bien, tal como existe el valor del soldado. Solamente establece una diferencia entre uno y otro: el valor del sacerdote es aún más difícil porque es pacífico, no puede valerse de la violencia. Y es algo con lo cual se nace, sencillamente algo que se posee o no se posee. Tal vez el Papa Francisco I tiene una  dosis limitada de esta cualidad sin la cual resulta imposible definirlo como un buen pastor quien sobre todas las cosas debe defender y proteger. Un buen pastor no se queda a un lado mirando pacientemente como los lobos devoran a sus ovejas, ni mucho menos las entrega, aún en el caso de las mas descarriadas, ni en medio de las circunstancias más extremas.


1 comentario:

  1. Bueno, que al tipo lo momifiquen y lo paseen por la Piazza San Pietro con sus zapatitos rojos es más asunto de los vivos y de su cordura. Y la religión es inversamente proporcional a la cordura. Asì que allí está el muñeco, yerto, con capa y zapatos rojos. Lo que me parece más absurdo es en cambio que en vida haya decidido quedarse trepado en el trono más poderoso del mundo aún cuando ya no podía pronunciar palabras inteligibles, tenla Parkinson, casi que babeaba por un ladito y con la mirada perdida en el infinito. Pero todo eso es calculado. La iglesia católica estaba perdiendo muchisimos adeptos, el secularismo estaba ganando mucha fuerza en varios países de Europa y del mundo, el político Wojtyla no podía permitir eso y se lanzò en su Cruzada. Ya de viejo se convirtió en el títere de oscuras manos vaticanas, pues la imagen del Papa más carismático llevando el mensaje católico hasta el final, es muy poderosa. Pero al fin le llegó la hora. Lo sucedió el nazi, nivel de carisma bajo cero. La iglesia siguió perdiendo adeptos, notablemente, y el tipo se la jugó renunciando, para que no le llegue lo que le debería por los escándalos de pedofilia en SU iglesia, y para que los católicos lo recuerden como "el que renunció por el bien de la iglesia" o algo por el estilo, no por nazi y pedofilo. Llegó ahora el pobre. Y latinoamericano. Pues claro, latinoamerica es una de las regiones más católicas, a pesar del insoportable difundirse de iglesias e iglesiuchas cristianas de garage, templetes de poca monta en los que cientos de Warren Sànchez timan semanalmente a millones de idiotas, que tienen a la gente lobotomizada (en vez de "iglesias" deberían constituirse las "e-pe-èfe", empresas promotoras de fe: se les hace pagar impuestos sobre lo que los dementes les regalan y el estado, si no se los roba, los reinvierte en lo que sí sirve: salud y educación...aunque para los estados siempre es mejor tener al pueblo brutico y supersticioso, claro). La guerra va por ahí, afianzar este frente del mercado mundial de creyentes es imperativo para el catolicismo y partir de aquí a la Reconquista es el nuevo plan. Todo eso toca camuflarlo con algo, un mensaje tocante, entonces eligen que el papa nuevo predique la pobreza y el regreso a las raíces humildes de la iglesia (pretender ser los mensajeros nada menos que del supuesto creador del universo es de todo menos que humilde...y cuerdo). Y lo que queda qué es? Que a los estúpidos que salen a llenar la Piazza para oír sus inspiradas y pobres palabras les importa realmente un cuerno si él apoyó o no a la dictadura de Videla.

    ResponderEliminar