jueves, 14 de febrero de 2013

El cuarto telegrama




POR: Álvaro Sierra


Lo intenté en tu ventana
Me dio frío de tanto esperar
También te llamé
Celulares y teléfonos rebotaban
¿Internet?
Claro que sí
Chats, messenger mails, desperdiciados.
Ni siquiera un “déjame” en la pantalla.

Silencio

La voluntad es una fuerza
Pero la paciencia
Es una vida
Así que insisto
Insisto
Y reitero mis intenciones
De una manera
Romántica
Máquina de escribir
Tinta directa en cada letra
Y mis lágrimas en el papel
Un sobre azul y blanco
Con mi firma color O positivo
Dos puntos
Calor
Verano
Playa
Esperaba nada
Y llegaste
Sin explicación
Simplemente una mortal tropezó con mi pequeña toalla
Ahora que no te saco de mis sesos
No soy más que un indeseable remitente
“Perdón”
Silencio de mi parte
“¿Borges?”
“Si”
“¿En la playa?”
“En cualquier parte”
Conocí tus cordales con tan sólo dos Martini
Era gracioso
Lo reconozco con mi poca modestia
Tanto humor se calmó tapándote desnuda entre mis sábanas.

Silencio de recuerdo musical

Tus azules y astigmáticos ojos eran la pareja perfecta de tu piel naranja
Toda una combinación fusionada con mis pecas irritadas
Es lo más cercano a estar feliz
Tu aventura veraniega
Era para mí la definición de amor
Ni una nota
Ni un apellido
Simplemente te esfumaste
Y ya
Te busqué todo el verano
Quería devolverte el sudor que habías dejado
En mis poros
Pero…
Sólo encontraba humanos en mi búsqueda

Tormenta sin sombrilla

Ya en Toronto intenté olvidarte
No hay tiempo para nada
Mi compañero de almuerzo se llama SAMSUNG
Y lo manipulo mientras mastico mi ensalada
Ya no estaba en el trópico
Aquí el folclor se limita a las melodías telefónicas
Bailes de ascensor
Y coros de autopista
Rutina
Tranquilidad
El caparazón perfecto para los sentimientos
Pero…
Otro tropezón dañaría la partitura
Esta vez fui yo

Pausa

Sé que recordarás esto con humor
Siete de la mañana
Leche agria en mi nevera
Dudas
Locura
Un “comeré en la calle”
Cambiaría mi vida
Grito “cofee”
“Please sit down” Me responde el camarero
“O k” me siento
Me asusta tanto canadiense
Cómo comen sus salchichas
Hablando con la boca llena
Eructando sus nocturnas cervezas
Gigantes
Veo el rincón
La mesa prohibida
Sin ventanas
Contra la pared
El rincón perfecto
Digno para un ermitaño hispano


Pausa

Espero aquel café
Es tarde
Recuerdo la fecha
Final de septiembre
Balance incompleto
Posible despido
Brinco de la silla
Un golpe en la cabeza me sienta
Una mujer tambaleándose
Haciendo equilibrio con los huevos
Tiene en su nariz dos salchichas
Su rodilla balancea la mermelada
Su hombro no aguanta la caliente jarra metálica de café
Canadá observa el espectáculo
Nadie hace nada por ayudarla
Nervioso la sujeto
Error
No más circo
Café negro en su rostro
Salchichas en mis zapatos
Insultos ajenos en francés
Del otro lado una defensa con mala pronunciación
Pobre
Debe ser latina
No ha querido levantar su rostro
Recoge con sus manos las ruinas de aquel omelette
De repente
Aquel hombre cambia de color
Ahora es rojo y blanco
Como su bandera
Ella no responde
No levanta su mirada
Caen en su espalda
Cinco billetes
Ella llora
Los recoge
Y se levanta
Ella
O
Mejor
De nuevo en mi vida
Aquella tragedia de inmigrante
Pierde total interés
Al tomarnos de la mano
“No necesitas servir desayunos”
“Tendrás cereal con leche agria todas las mañanas”
“No era lo que soñaba”
“Pero suena interesante”
Nuevo beso
Mi lengua batalla con tus lágrimas
Salimos de aquel infierno
Llueve
Correteamos hasta mi pequeña madriguera
Nuevamente aquella imagen
Sábanas y carne
¿Habrá mejor desayuno?
Dímelo tú
Ahora con tu “perfecto” y “comprensivo” varón
Cambiaste mis caricias por pan caliente y chocolate
Mi aliento ha sido reemplazado
Por un cuarto con calefacción
Has evolucionado
Ya no necesitas de mis historias para dormirte
Ahora tienes televisión satelital

Evita las lágrimas

Sin rencor
Absoluta tranquilidad
Prometí ser positivo
No juzgar
Aunque…

Pausa

Recapitulando el telegrama
Un reencuentro a la canadiense
Otra patria
Hombre y Mujer
Solos
Amaba tu pobreza
Al ver tu pésimo acento
Sabía que no eras de familia afrancesada
Tus lágrimas en la cafetería
No eran de estudiante de intercambio
Nunca te pregunté qué hacías en Canadá
Siempre temí que respondieras algo romántico
Pero tú…
Tenías que preguntarlo todo
Saciar tu curiosidad
Tu morbosa forma de comparar mi pasado con tu presente
En ese momento guardábamos silencio
Y esperábamos que pasara la tormenta.

(Medellín, 2005)


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