martes, 8 de enero de 2013

La muñeca de trapo


-Relato-
Por: Jaime Andrés Fierro.

La primera vez que la vi, al igual que otras tantas, era llevada a un colegio, lo deduje por el uniforme, el calor siempre acosaba como suele hacerlo en ese sitio.
Siempre me gustaron las muñecas, pero para mi era prohibido poseerlas, con ellas de niño solía jugar a escondidas y a veces cogerlas a puñetazos cual si fueran tulas de boxeo. Mis muñecas favoritas siempre han sido las de trapo y a estas alturas de la vida ya casado, sin vergüenzas, ni pudores he decidido confesarlo públicamente. Las besaba a escondidas cuando empezaba a ser adolescente, o sacaba y metía sus tripitas, para engordarlas o adelgazarlas.
Todas eran similares, pero esta era especial. Además, yo era distinto por que me había convertido en un joven. Por alguna razón no le volvía a ver más, durante un largo tiempo, seguramente sus pies se habían cansado de esperar el autobús, su cuerpo del calor sofocante y ella de su pobreza.
Aquella tarde, reconocí en esos ojos pintoreteados las pestañas y cejas que tanta admiración me provocaban, ya no era la misma, le habían sacado las tripitas de la panza, sus pechos y nalguitas eran tumultuosos, la sutileza de sus formas naturales y su esencia misma fue modificada, cerré los ojos, cambie de rumbo, yo tampoco era el mismo.

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