miércoles, 23 de enero de 2013

El destino de Don Quijote


POR: Mónica Chamorro.

Me quedo con los finales felices. No hay nada que me guste más que un final en el que los buenos son premiados y los malos castigados y en el que todo sucede con un toque de exceso. Aunque me avergüence y trate de evitar que se me noten las lágrimas. Entre más cursilería haya, mejor: suspirado gran final, aplauso de los presentes y declaración pública de amor. No importa que la historia sea mala. Puede ser la del pobre y feo que conquista a la  más bonita.  O historias de la vida real, como la del  grupo de ecologistas que logran  salvar a una ballena.
Entonces lo mío es la Comedia. Tanto en el arte como en la vida, la diferencia es irrelevante. Porque al final de cuentas no es el arte el que imita la vida sino la vida la que imita el arte, como decía Wilde. Probablemente sin Aristóteles quien hace dos mil quinientos años se encargó por primera vez en occidente de clasificar los géneros, quizás yo no podría reírme de  Stiller, o de Woody Allen,  de Berlusconi o de Chávez. Ni tampoco de mis míseras desgracias personales. No podría  reírme de  las camas con baldaquino que le regala  Putin a sus amigos  para que en ellas se desquiten de la suerte de ser los más poderosos o de la malevolencia del Papa al prohibir los anticonceptivos. Yo no podría reír de la misma manera en la que otros no podrían llorar, porque así como en lo personal prefiero la Comedia hay quienes ante todo prefieren la Tragedia.
Mi más querida y grande amiga se lo toma todo muy  mal.  La caída de una hoja le parece trascendente  y nadie puede encender un farol al atardecer sin que ella suspire de nostalgia. Es alguien extremadamente inteligente con una gran capacidad para ver el fondo de las cosas. Pero el drama la seduce, la sobrepasa, es su vocación. Nos queremos mucho y nos comprendemos perfectamente: yo, con mi pretensión de comediante y ella con la suya, de actriz dramática. Ambas sabemos que no es una cuestión  de fondo. El mundo sucede igualmente para las dos. Es solo una cuestión de forma, de género literario.
Lo mismo pasa con lo Épico. A menudo es posible encontrarse con aquellos que viven su vida convencidos de estar investidos de un poder especial.  Ellos están llamados a salvar a los otros. Son los que le dicen la verdad al jefe, los que arman motines y huelgas, los que hablan más alto que los demás y piden aumentos y horas extras. Claro, no para ellos sino para todos. Son los adalides de la justicia y su vida es una guerra permanente contra el casero, contra el chofer del bus, contra el policía de la esquina.  Les gusta decir con el Cid de Corneille:  Yo solo y ya es bastante.
Y pasando a un género más moderno no podemos olvidar a quienes viven en versión Thriller, es decir con la manía de la persecución. El mundo los detesta, todos lo vigilan. Basta conocerlos para convertirse en un perseguidor, en alguien que de alguna manera los envidia, en una inteligencia gris que vigila desde la sombra.  Hay alguien que les roba sus invenciones geniales, que les secuestra las ideas. Un biólogo amigo de mi madre, inmerso por completo en el Thriller, asegura que alguien le robó los ratones del laboratorio y las serpientes del serpentario. No es broma. No revelo su nombre solamente porque creería que esto es una persecución más.

Hablando del relato policial, del Noir, creo que este es el género preferido por quienes profesan fervientemente una religión. De quienes invierten su vida en una búsqueda teológica empeñada  en encontrar al culpable del bien y del mal que hay en el mundo. El culpable de los milagros y de los actos execrables.  De los buenos y de los malos pensamientos.  Lo buscan de todas las maneras, oran y lanzan anatemas; peregrinan, bautizan y exorcizan.  El problema está en que es extremadamente difícil  saber si se encontró al autor intelectual o solamente a un sucedáneo, a un mero ejecutor a un sicario mal pagado. O incluso reconocer si se está acusando al uno de los crímenes  del otro. Porque en cuestiones de distinción entre el bien y el mal lo que cuenta es la sutileza.
Y hay quienes viven en el Porno. Sus vidas son una sucesión de acrobacias,  tríos, cuartetos, orgías, disfraces de gallo y de gallina, batas de medico y cofias de enfermeras. Van cargando maletines con látigos y vestidos de cuero de dominador o su correspondiente femenino que curiosamente recibe el nombre canónico de dominatrix  y no de dominadora.  Porque con los nombres no se bromea en el mundo del Porno. Lluvia dorada, swinger, cramping. Nombres que sirven para nombrar cosas que los no iniciados asociarían con malos sueños.  Para ellos no hay un gesto que no llame el placer. Hay que  mirarlos agitándose  por las calles y bailando en las discotecas como si estuvieran inmersos en una sesión erótica sin fin.  No cultivan la amistad. La del proprio sexo ni la del contrario. Porque para ellos todo se vale y el límite es difuso. Hoy soy homo, mañana hétero, pasado mañana bi, pero jamás a, de asexuado. Su lema: Copulo Ergo Sum.
Y se  me ocurre que quizás las naciones, las identidades colectivas, también viven en un género particular. Por ejemplo los estadounidenses viven en el Western.  Que no se preocupe nadie porque ya casi llegan los nuestros. Y los nuestros vienen a las órdenes de un John Wayne, - Reagan, Kennedy, Busch, Obama, cualquiera de ellos-  adornado con la mística estrella de plata que ondea en la bandera de la gran patria americana.
Los italianos entre tanto viven en una perpetua commedia all’italiana, en la que los ineptos se disfrazan de idóneos, los honrados de ladrones y los ladrones de hombres de bien. Lo viven tan a fondo que están a punto de reelegir a Berlusconi y su bunga- bunga porque él es el perfecto personaje de esa comedia melodramática en la que los desmanes y la corrupción  conmueven con la ternura de poder reconocerse en los actos ajenos.
Los franceses se quedaron definitivamente mas que con un género, con una figura retórica: el Litote, que ante todo busca el nuance, el matiz, nunca el énfasis. Prefieren la sonrisa sutil, a lo Voltaire. Un gesto algo torcido que mira desde la altura.  ¡Oh là là, qué vulgaridad de mundo! Si se le quita el  petit peu a lo que no tiene porqué llevarlo. ¡Oh là là qué ordinariez! Eso de llamar las cosas por su santo nombre. Porque incluso lo extraordinario para un francés n’est pas -del todo- mal. Creo que Francia no logra escapar a la maldición de  las precieuses ridicules de Molière.
Nosotros, los latinoamericanos, también tenemos nuestro propio género.  Un subgénero más bien, algo tan nuevo como nosotros mismos. El melodrama televisivo o la Telenovela.  Su importancia es ya histórica y es dable observar como nuestra geografía está poblada de Topacios, Ricos que también lloran, pobres pero felices, Betis bastante feas  y últimamente de Muñecas de la Mafia infladas de silicona por cada uno de sus costados  Oh là là qué vulgaridad!).
La vida que recrea al arte, que trata  torpemente de imitarlo. Porque nadie se resigna a vivir la vida desnuda, sin desmesura. Sin literatura y sin representaciones. Sin lo que hubiéramos querido que fuera.  Nadie renuncia al final que prefiere,  sea un final feliz, dramático, épico o apenas desgraciado. Por lograr ese final batallamos cada día. El nuestro es el destino de Don Quijote: vagar por el mundo con un disfraz risible. Risible pero jamás inútil porque ese travestirse es el manantial de cualquier coraje. La  razón por la cual algunas veces podemos enfrentar los gigantes y los ejércitos.  Y como decían los griegos que lo sabían todo: No hay felicidad sin libertad y no hay libertad sin coraje.

7 comentarios:

  1. Monica, nos has dado un tour por el mundo. También por el de los gustos. Te faltó darle alguna cachetada a los que siempre las reciben, los grupos minoritarios. Se salvaron ellos, pero a los demás nos mandaste a replanteárnoslo todo. Todo iba bien para mí hasta que desmereciste lo porno. Aunque copulo ergo sum me parece desacertado, ya que copular implica dos individuos, y en este género la soledad es clave. Hablando más en serio, aunque no sea tu preferencia, me has hecho reir. Así que, fiel a lo tuyo, la comedia, aunque al sarcasmo, sin declararlo tu arma ṕreferida le diste "licencia para matar" por todo el globo. Yo también soy de ese palo, aunque levanto una bandera blanca en alto, porque lo tuyo viene en calibre muy grueso. Mis respetos. Un abrazo desde Lubbock. Ricardo.

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  2. Me identifico con el articulo ya que siempre he gustado del genero televisivo, acá en Europa he notado cierta inclinacion de algunas personas y su interes a producciones latinoamericanas hay que ver cuando vienen a promocionar telenovelas mexicanas, colombianas, venezolanas etc, es !boma!. La persona que me envió este enlace no gusta de finales felices no es que tenga algo "raro" solo que poco se involucra con estos, ademas solo lo ve como distracciones. por mi parte todos los finales rosa me encantan, soy de las que tienen que pasarme clines viendo una peli de drama, eso si el porno lo detesto.
    el articulo muy bueno se nota que tiene un intelecto muy alto. felicidades.

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  3. Es mucho para decir ya que es un texto muy completo, pero mi opinón sobre el porno es que es una degenerada inmundicia para degeneradas mentes inmundas. Por lo que demás consierne es muy buen articulo, gran manejo de la escritura claramente un alto nivel intelectual de la autora, mis felicitaciones para Mónica Chamorro y espero me tenga en cuenta para los prximos. andresmorreti28@gmail.com

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  4. Rebecca:

    Muchas gracias por tu comentario. De hecho se me quedó por fuera el género, o subgénero de la Novela Rosa, que sin duda es uno de aquellos que iluminó mi adolescencia y por sobre todas las cosas Jane Austen.

    Te envío un gran abrazo.

    Mónica Chamorro

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  5. Jane Austen me imagino que te gusto Orgullo y Prejuicio? A mi me encanta he visto varias películas basadas en sus libros. Pero la esencia por ahí esta.

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  6. Estimado Andrès:

    Gracias por leerme y por tu comentario. Definitivamente aunque entre gustos no hay disgustos existe aquello que es naturalmente anti estètico.

    Te mando un saludo cordial,

    Mònica Chamorro

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  7. Me agrado de sobremanera eso que soy muy mal lector, pero como estaba publicado en Univision me intereso, aunque quede un poco preocupado ya que al leer uno de los comentarios dice que esta cargado de sarcasmo y para eso si que soy bastante boludo. Pero en general es un buen articulo ademas aprendi varias citas que no habia tenido oportunidad antes y como buen forista de univision el tema era muy apropiado. felicidades a la autora escribe muy bien. saludos desde Argentina.

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