jueves, 18 de octubre de 2012

LA INTELIGENCIA DE LA BELLEZA



Por Mónica Chamorro.

Es fácil enamorarse de la belleza. Los caballeros y todos la preferimos.  En lo particular confieso que no soy capaz de contener un amor repentino por un par de ojos separados con la distancia justa y una nariz que sabe al mismo tiempo elevarse y descender en perfecto equilibrio sobre la boca.  Aunque el propietario de esos ojos haya tenido dificultades en aprender a multiplicar y no sepa distinguir Suecia de Suiza. No me importa, no nos importa, porque la belleza tiene la capacidad de auto contenerse.
Su tiranía nos somete a diario. Aunque su canon varíe, su adoración es una esclavitud de la que nadie quiere huir.  Desde lo más remotos tiempos. Las Venus paleolíticas son las únicas imágenes que nos quedan de los tiempos del hombre de Neandertal, su belleza predominó sobre la fuerza del guerrero más feroz. Nada de esto ha cambiado: Carla Bruni, llegó a ser en su momento políticamente más incorrecta que Sarkosy. Poco importaba si  Bruni  tenía opiniones de izquierda o derecha, si estaba a favor o en contra del uso del velo o de la inmigración ilegal. Le bastaba con permanecer erguida al lado de su conyugue, le bastaba con existir, hierática, en el pleno uso de su belleza y cualquier cosa que Sarkosy se permitiera decir carecía de  importancia.


La belleza tiene sus propias palabras, es elocuente. No es un símbolo, algo que está en el lugar de algo más. Nos habla desde su perfección, es, al mismo tiempo, el objeto representado, la idea mental y su expresión. Por ello jamás está vacía, nunca es banal. Cuando la observamos nos ponemos en contacto con un lenguaje que no está hecho de silabas o de palabras.  Ella ejecuta su melodía, cifra su mensaje en el antiguo código que los griegos identificaban con la música de las esferas, con la virtud y con la justicia.  La belleza es inteligencia, su forma es contenido.
Lo mismo sucede con la obra de arte. Si se tiene el privilegio de abismarse en la contemplación de una obra maestra del arte, nos tropezamos inmediatamente con que la capacidad técnica del artista arrebata por completo el contenido. Ante Miguel Ángel o Velázquez, ante Delacroix o Monet el virtuosismo técnico roza el contenido, lo agrieta, lo disuelve. En ellos la forma se ha convertido en un espejo que niega un acceso ulterior. Porque cuando en el artista la técnica es una segunda naturaleza, una lengua madre por fuera de la cual el pensamiento es inexistente, el contenido coincide con la forma.

Ludwig Wittgenstein, a principios del siglo pasado, indagó acerca del modo en el que la verdad -el sentido del enunciado- no se encuentra en el mundo real, es decir está ausente del objeto referencial. El sentido, el valor de verdad, existe solamente en la norma gramatical. En la sintaxis, en la semántica, en la morfología, aun en la ortografía del enunciado. Existe solamente en la forma. A mi parecer esta ausencia de sentido en el objeto representado -en el contenido-  se puede extender a la obra de arte: ¿Es posible aludir el sentido por fuera del lenguaje? ¿Puede el artista concebir el contenido de una obra por fuera de su propio dominio técnico?  La norma técnica absorbe el contenido de la obra de arte de la misma manera en la que la norma gramatical absorbe el sentido del enunciado.
Las vanguardias de la primera mitad del siglo XX cuyas primeras expresiones surgen en la misma época en la que Wittgenstein, prisionero de los aliados en la Primera Guerra Mundial escribía su Tractatus, postularon la ruptura de la forma clásica del arte. Las artes figurativas abandonaron la figura; la música, la armonía tonal; la poesía, el metro y el ritmo; la literatura, la figura del narrador.  Se buscaba abrir una brecha en la armadura de esa técnica que parecía asfixiar el contenido, se pretendía visualizar la connotación de la obra de arte, desnudar su carne. Fue así como la forma fue fragmentada para dejar al descubierto las vísceras sagradas del arte. Por vez primera sería posible contemplar  el prodigio del contenido sin la constricción de la forma.


Pero con el exacerbarse de esta tendencia, la carne del contenido desnuda de la piel de la forma, se hizo extremadamente débil. Su  fragilidad fue tan aguda que en cierto momento empezó a hacerse transparente. El contenido volatilizado, sin un contenedor, sin un significante suficientemente potente, se convirtió en un no objeto ilegible no solo para las inmensas mayorías sino incluso para el crítico más avezado. La interpretación se volvió tan plural que cualquier cosa podía estar en el lugar de cualquier cosa. Alrededor de este no objeto estaba a punto de oficiarse el colapso total del fenómeno artístico.
De algún modo, aun en la contradicción, el arte post-moderno reclama un retorno de la forma, una revancha de la técnica fruto de la creencia en la no escisión del objeto artístico. No hay significante y significado, connotación y denotación, solo existe una unidad en la que el contenido fluye únicamente si se lleva a cabo el cumplimiento de la gramática de la línea.
Asistamos a la celebración de la inteligencia de la belleza,  resignémonos a su tiranía, del mismo modo en que el artista debe resignarse a la tiranía de la técnica. Sé que quisiéramos poder olvidar la forma, porque se nos ha dicho que la belleza es flor de un día, que es algo corruptible y efímero. Nos gustaría conectarnos con el contenido extremo, con el espíritu que vaga en los resquicios de la estructura externa, de la apariencia.  Pero me temo que contemplar la virtud, la justicia o la sabiduría es imposible.  Debemos contentarnos con lo que nos queda: Con la belleza, que es su reflejo. A ella si la podemos abrazar, acariciar y  poseer. Y en el peor de los casos seguirla deseando, aun de lejos. 

2 comentarios:

  1. Buen artículo,de forma y fondo. Lo aprecio más en cuanto tú representas esa "Inteligencia de la bellaza". Brindo por ambas que son una y la misma. Soy de los que tienen que mirar de lejos, pero mi imaginación te acerca,con la mirada del artista, que hace suyo el objeto en la obra de arte. Espero reivindicarme contigo en la encrucijada de lo bello, en ese hermoso concepto de tu escritura. Con admiración, Omar Lasso Echavarría

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  2. Dejeme decirle que de todos los columnistas de este espacio son sus articulos los que mas me han gustado, felicitaciones!!! Espero poder seguir admirando sus escritos.

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